Nuestras últimas 24 horas. Te quiero Nàhua.

“Te fuiste, Nàhua. Me partiste el corazón. Tal vez fue la ingenuidad de pensar que jamás podríamos vivir uno sin el otro. La ingenuidad de pensar que la muerte nunca llega. Desde que me informaron de que ya no estabas siento un terrible vacío, me siento un poco más solo. Kahlo y yo te vemos en todos los rincones de la casa. Nuestra cama está más vacía, está más fría. Te lloramos.

¿Sabes qué? He tardado en entender por qué escogiste este momento para irte, pero finalmente lo entendí. ¿No querías molestar, verdad? ¿Es eso? Hasta el último momento de tu vida con tu elegancia, tu saber estar y tu discreción. Eres única.

Hice todo lo posible por acompañarte pero quisiste irte justo cuando tomaba el avión. Quiero decirte que no lo conseguiste, ya lo sabes. Llegué cuando tu corazón ya no palpitaba y tus ojos ya no se abrían pero sé que pudiste escuchar mis palabras. Quise y quiero que te lleves estas palabras contigo. Quiero que te lleves mi gratitud por haber llegado a mi vida en uno de los momentos más difíciles de mi vida, cuando las lágrimas de dolor no eran cosa de uno o dos días. Ahí estuviste a mi lado y me hiciste reflotar. Créeme, no lo olvidaré nunca.

Recuerdo el día que te vi por primera vez en el centro de adopción. Me enamoré de ti desde el primer minuto. Me explicaron tu terrible historia y no dudé ni un minuto en querer verte vivir el resto de tu vida conmigo. Empecé a sentir amor por ti, amor puro. El mismo que sigo sintiendo.

Han sido casi 6 años increíbles. Hemos vivido momentos de todo tipo, tú lo sabes mejor que nadie. Sabes todo de mí. Y yo casi todo de ti. Cuando enfermaste de diabetes volví a reafirmar mi compromiso contigo, y juré que te acompañaría hasta el último minuto por mucho esfuerzo que me costara. Así ha sido.

Gracias por tanto. Aunque hayas decidido irte siempre formarás parte de mí. Quiero darte las gracias también por esas últimas 24 horas que jamás olvidaré, esas 24 horas de amor puro e incondicional cruzando el mundo para darte mi último adiós. Jamás he llorado tanto, Nàhua, jamás. Te quiero volver a ver. Vuela alto… nos vemos en destino. Te seguiré acariciando de por vida.

T’estimo petita.”

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Esta carta acompañará las cenizas de Nàhua, una gata que me ha acompañado los últimos años, una gata que he querido con todas mis fuerzas. Significaba mucho para mí.

Fue todo muy rápido. Me informaron que estaba en una situación crítica estando en Kyoto, Japón, en medio de un viaje por Asia. Era madrugada y a las 5 ya subía a un tren camino del aeropuerto de Kansai con destino a Barcelona, vía Seúl. No dudé ni un minuto. Mi viaje se había acabado, ya no tenía sentido. Llegué al aeropuerto de Barcelona y fui directamente a la clínica donde pude despedirme de ella, aunque ya sin vida.

La Nàhua murió a las 2.30de hora española, las 9:30h en Japón, exactamente a la misma hora que salía mi vuelo desde el aeropuerto en Kansai. Las primeras muestras de enfermedad las dio unas horas después de que mi madre, que tanto la quería también, saliera de viaje de vacaciones. No creo que fuera casualidad. No, no lo creo.

El amor incondicional que sentimos por algunos animales es algo mágico. Esas 24 horas corriendo por todo el mundo con la esperanza de su recuperación o de acompañarla en sus últimos minutos es algo que no olvidaré nunca. Pero a posteriori lo veo como una experiencia positiva. Se trata de amor puro. Algo que no se vive con frecuencia.

Adopté la Nàhua en enero del 2013, la habían abandonado en la calle y no parecía haber tenido una buena vida. Cuando le vi los ojos no tuve ninguna duda. Le puse el nombre “Nàhua” en homenaje a un pueblo nativo de mesoamérica que ocupó Nicaragua.

La Nàhua murió por problemas con el riñón y por problemas con su diabetes. Hace más de 3 años le diagnosticaron esta enfermedad que le ha acompañado hasta el último día. Cada día requería de insulina a las 9 de la mañana y a las 21h de la noche. Eso cambió mi vida pero lo hice con total normalidad. Lo di todo por ella con gusto. Jamás lo viví como una molestia.

He decidido llevar sus cenizas a Montserrat, a un lugar donde suelo meditar, una noche de luna llena, a las 2:30 de la madrugada. La hora que se fue. La hora de mi vuelo.

La sentiré como si la hubiera acompañado en esos últimos instantes de su vida. Aunque sé que ella quiso evitarlo.

Es duro. La echaré de menos. Pero lo vivo como algo positivo. Amor puro.

 

NOTA: Gracias a Joana, Joel, Ció, Isaac, Irene por hacer todo lo posible en esos últimos momentos. Os lo agradeceré toda la vida.

3 respuestas a “Nuestras últimas 24 horas. Te quiero Nàhua.

    1. Només de començar a llegir no he pogut renunciar a ficar-me dins la teva pell,… els meus ulls han començat a possar-se boirosos i humits fins que no he pogut més i he començat a plorar sense treure la mirada al teu escrit. És increïble l’amor incondicional que podem arribar a sentir per un animal, perquè ells ens entenen i es crea una conecció mágica pels que estimem tant a aquests petits amics que si senten igual q nosaltres i molta gent no entengui. M’has fet pensar en una situació molt semblant a la q vaig viure amb una gateta que tenia també… gràcies per compartir aquestes paraules.

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